Microrrelato: Luces cegadoras
- Natalia Rodriguez
- 21 sept. 2025
- 2 Min. de lectura
Son las 2,30h de la madrugada en una carretera secundaria de Maine, invierno de 2050. Courtney P. , sheriff del condado casi retirada, da un volantazo al cruzarse con otro coche.
De repente un largo biiiiiiipppp sale de la bocina de Courtney, está en la cuneta con la cara en el volante.
- Menudo cabron, ese puto holograma casi me mata. ¿Que coño era? ¿Unos galgos o que?
Poco a poco se da cuenta de que no tiene nada roto, solo un rasguño en la frente y un manojo de mala hostia.
Decide conducir hasta la cafetería más cercana.
Desde que se legalizaron los hologramas cada vez se producían más accidentes, sobretodo, claro está, de noche porque con su luz de neón cegaban a la gente o los distraían, cada persona podía elegir su holograma y era un reclamo de las compañías de coches de marca ya que desde que aparecieron los coches low-cost los coches caros estaban de capa caída. Por la carretera se veían caballos, leones, y hasta iniciales y otros dibujos pero era la primera vez que veía este.
Mejor, así sería más fácil de identificar para que le caiga un buen paquete, pensó Courtney.
A lo lejos vio unas luces de neón rosas parpadeantes con forma de taza de café, era la cafetería de Velma, muy cerca ya de su casa aún así pararía antes de ir a dormir a hacer un café y denunciar al cabrón de los galgos.
- Jimmy, cambio. - llamó por la radio del coche.
- Diga Sheriff, cambio.
- Necesito imágenes de cámaras y de satélite de un cabrón que me ha sacado de la carretera hace un momento. Tiene un holograma de galgos. Envíame fotos en cuanto las tengas. Quiero dejarlo resuelto e irme a dormir.
- Perfecto Sheriff, me pongo a ello.
Al salir del coche ya son casi las 4h de la madrugada, hace frío, se acerca Navidad y se nota en todas las casas, el cielo ya anuncia un inminente amanecer y es de un azul añil. El aire es denso y gélido, y a lo lejos se oyen los primeros pájaros y el sonido de río bajo el puente que acaba de cruzar.
Mirando a la carretera solo se distinguen hologramas, de todos los colores y tamaños, los más grandes se ven a kilómetros de distancia.
Pip pip pip pip pip
Mientras bebía el café largo y aguado de la cafetería, a su dispositivo móvil iban llegando las fotos que le enviaba Jimmy. Y aunque estaba muerta de sueño pudo distinguir la matrícula de ese camión en alguna de las fotos. Pero no fue lo único que vio. Aunque tenue, se distinguía una gran mancha roja en la puerta del conductor y toda la parte frontal izquierda del camión.
- Mierda. ¡Velma, apúntame el café en la cuenta!
Puso la sirena en la parte de arriba de su coche y dio media vuelta por donde había venido.


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