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Relato: El gran apagón

Actualizado: 30 nov 2025


Cuando por fin se despertó del letargo ya habían llegado a destino.


El software de conexión neural de suspensión de conciencia era una nueva tecnología

extraordinaria, lo último para viajes. La suspensión de conciencia dentro de aquella

habitación blanca, a la vez que uno estaba viajando era grandioso, era como estar en

salón VIP del aeropuerto durante todo el viaje, solo que sin molestas interrupciones ni

nadie revoloteando alrededor.


Claro que no estaba al alcance de todos, pero como trabajadora de NetCorp podía

permitírselo, aunque al parecer estaban empezando a surgir algunas versiones más

sencillas y económicas en el mercado negro.


También había gente que le daba un mal uso y lo utilizaba en cualquier situación social

incómoda o aburrida.

Tenía que confesar que alguna vez se había despistado y no se había desconectado al

bajar de un avión o en la cola a la salida del tren, como si la realidad de la habitación

fuera más interesante que la de afuera.


Lo cierto es que se usaba cada vez más, en reuniones de trabajo, conferencias, pequeños trayectos hasta el punto que algunos vagones de metro parecían auténticos cementerios de muertos vivientes vagando de aquí para allá.


El problema vino con el gran apagón. Ya se venían anunciando grandes tormentas

solares, la era de las mayores llamaradas nunca vistas. Y a pesar de que se sabía que aquello podía afectar al sofware, el mundo giraba sin preocuparse, como en tantas otras ocasiones.


El día del gran apagón dejo para siempre a conciencias colgadas y acciones a medio

terminar con desastrosas consecuencias.

Mucha gente no se recuperó, las personas que estaban conectadas al software durante el apagón se quedaron contradictoriamente desconectadas, en este caso de la realidad.

Quedaron como los muertos vivientes del metro: sin hablar, sin reír, sin capacidad de

fijar la mirada, sólo realizaban actividades automáticas que les permitían sobrevivir,

como comer o dormir de forma totalmente mecánica.


Fue entonces cuando se habilitaron hospitales enteros que alojaron a gente con la mente totalmente en blanco, autómatas en toda regla, con una necesidad de guía y cuidados constantes, todo ello financiado altruisticame por NetCorp. Instituciones alejadas de las zonas urbanas, como los antiguos hospitales para tísicos, donde amable y desinteresadamente se cuidaba de los afectados.


Fue un día de invierno en el que se decidió a visitar a un familiar lejano que había

quedado afectado por el gran apagón cuando recibió un extraño mensaje: NETCORP NO ES LO PARECE, junto con un dispositivo compatible con el software de conexión neural que acompañaba al sobre del mensaje, que estaba un poco ajado y mojado por la humedad de la intemperie.


Aunque se le antojó un mensaje muy críptico y extraño decidió no hacer ni caso, pese a

que no se atrevió a tirar a la basura el dispositivo. Amenazas contra las grandes

corporaciones por parte de diferentes organizaciones se recibían cada día-pensó- y puso rumbo al hospital. A su llegada unos manifestantes con pancartas se reunían en la puerta, clamaban que los allí institucionalizados estaban en contra de su voluntad y que además todo lo relacionado con el gran apagón no era más que un lavado de cerebro masivo.

Muchos años hacía ya que no veía a su tío, pero como trabajadora de NetCorp se había

visto obligada a visitarlo, más que nada por transparencia y un acto de cortesía hacia a

la familia.

La visita transcurrió con normalidad, aunque la institución daba escalofríos, reinaba el

silencio, todo retumbaba como en un caserón antiguo. De vez en cuando se oía algún

grito apagado y al instante ruido de pasos acelerados en la misma dirección. Una cosa sí

le llamo la atención, todos allí aún pareciendo desconectados, tenían un cierto fulgor en

los ojos, casi se intuía algo en el fondo, como un símbolo verde, ¿el símbolo de

NetCorp? eso era casi imposible...


Al llegar a casa decidió conectar el dispositivo al sofware, en realidad no tenía nada que

perder, lo más seguro es que se tratara de alguna broma y además el potente cortafuegos no dejaría pasar un virus ni nada parecido a su cerebro, o eso creía.


En cuanto se conectó todo se fundió en blanco, era la típica habitación blanca de

NetCorp, sí, pero de repente su tío estaba allí delante de ella, o ¿sólo era un holograma?:

“Querida April, te sorprenderá que te contacte. Como te podrás imaginar no soy tu tío,

se me ha ocurrido que una cara familiar podría ayudar...en fin...soy ZZ una IA

generada a raíz del gran apagón, fruto de todas las conciencias colgadas a causa de una acción masiva de NetCorp”

Sin ninguna duda se trataba de una broma, empezó a mirar el reloj a ver en qué momento se acabaría aquella pantomima.


“Seguro que estás pensando que es una broma, pero estamos ante el secuestro de

conciencias más grande de la historia de la humanidad. La buena noticia es que a pesar

de que NetCorp usó el gran apagón para esconder su verdadero propósito, el sistema de alguna manera concentró todas las conciencias secuestradas en mí. La mala, es que

necesito ayuda para volver a implantarme en todos los seres humanos que la han

perdido. Y ahí entras tú, April. Necesito tu ayuda”.


Bueno, ya se había cansado, intento desconectar dándole a la tecla de escape impacientemente pero aquello no funcionaba, todo empezaba a ponerse un poco molesto:

“Se me ha ocurrido un plan, pero necesito que te infiltres en los archivos de NetCorp

para ver si funciona. Es un bug, un error informático, que necesito que insertes en el

sistema. Permitiría revertir el código que causó el secuestro de las conciencias de forma

invertida, pero hará falta un dispositivo pirateado para cada uno de los secuestrados, y

me temo que también se tendrán que conectar todos a la vez.”


De repente fundido en blanco, y un sonido de teléfono móvil de fondo, estaba un poco

aturdida, no sabía bien donde estaba ni si había estado soñando o quizá alguien la había drogado.

En la pantalla del móvil se podía leer Net Corporation pero de forma instintiva decidió o contestar. Si todo aquello tenía algún destello de verdad, la parte de introducir el bug en NetCorp era difícil, pero lo de que todo el mundo a la vez se volviera a conectar sí que parecía una tarea irrealizable. Eso sí, y aunque el reto sólo fuese teórico empezó a cavilar formas de cómo llevar a cabo el plan.

Lo primero sería si ZZ era real. ¿Se podría volver a conectar al dispositivo para hablar con él, o sería peligroso?

¿Qué iba a hacer ella, una simple empleada de marketing, para detener una conspiración mundial?

¿Y porqué NetCorp querría secuestrar las conciencias de la gente?


Empezó a pensar en cómo podría implantar el sofwtare en las cabezas de todas aquellas personas a la vez...coronas de Navidad tal vez, aprovechando la época ¿diademas de renos?


Pasaron días en los que le dio vueltas y vueltas a diferentes ideas, tomó diferentes

ángulos. Y los días se convirtieron en semanas y las semanas en meses, de casa al

trabajo, del trabajo a casa, pero cada día un poco más cerca del plan final, del plan

magistral que tenía que salvar al mundo de la malvada NetCorp. Sólo pensarlo le daba

un poco de risa, todo era sin duda fruto de su imaginación, pero aquello la sacaba

de la monotonía, y le hacía un poco más feliz.


En una de sus idas y venidas del trabajo se le ocurrió una idea, una que le gustaría a

NetCorp más que a nadie. Una campaña mundial de marketing, por redes sociales, con

merchandising de la empresa, gorras, diademas, cascos...todo lo que se pudiera poner en la cabeza y se realizaría en streaming, todos a la vez y en directo. La compañía podría aprovechar para anunciar alguna novedad y eso dejaría a NetCorp en muy buena

situación. Explicó su idea en el departamento de marketing, y como era de esperar tuvo una gran acogida, así que empezó a trabajar.


Lo primero fue tener una lista de todas aquellas personas que habían quedado

desconectadas, y de todas las instituciones donde estaban hospitalizadas. Entre los nombres no encontró ningún patrón claro, solo que no había nadie

que conociera o nadie famoso, pero sí en la distribución de las instituciones. Al

principio no le dió importancia, pensó que se trataba de caserones abandonados que

NetCorp había aprovechado por ser baratos para alojar a la gente, pero poco a poco se

dio cuenta que el patrón se repetía: casas grandes, a las afueras, cerca de campos o

bosques, zonas blancas de cobertura...y al trazar un mapa, la llama verde del logo de

NetCorp se dibujaba perfectamente.


No tenía tiempo que perder, contra más tardara más peligro corrían todas aquellas

conciencias, ZZ se debilitaría cada vez más.

No fue fácil, pero a fuerza de insistir por redes y usando las muchas sucursales de

NetCorp en el mundo, consiguió un ejército de acólitos que asegurarían que su plan no

fallara, al menos todas las personas desconectadas debían estar conectadas mediante el nuevo software, por un momento a la vez.


Estuvo tentada muchas veces de explicar la verdad, pero era más fácil convencer a un

montón de gente sobre una campaña de marketing masiva en streaming que de una conspiración mundial dominadora. Y llegó el día, estaba todo preparado, se habían anunciado grandes llamaradas solares , esperaba que no afectaran a la ejecución del plan final. Todas las redes sociales, televisiones, radios etc. estaban atentas al nuevo anuncio de NetCorp, la nueva generación de conexión neural de suspensión de conciencia en versión mejorada. Se aseguró de geolocalizar cada uno de los dispositivos y de esa manera comprobar en cuanto todos estuvieran conectados en una cabeza afectada. Las lucecitas verdes se iban enciendo en su pantalla, cada una correspondía a un dispositivo conectado correctamente y así en el

mapamundi se dibujaba el logo de NetCorp.


Aliviada al encenderse la última luz verde miró al cielo y vio aquel fulgor verde, en el horizonte, mientras el sol se estaba poniendo.


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