Relato: En el bus
- Natalia Rodriguez
- 15 nov 2025
- 4 Min. de lectura
Todo empezó hace dos semanas, estaba en la
parada del autobús cuando…no sabéis que es lo que me pasó…
Pues resulta que al final conseguí me subirme al autobús, casi no llego y a mi edad, que es mediana, las pequeñas carreritas hasta el transporte público se han convertido en algo realmente maratoniano, seguramente más por la baja forma física, y sólo se llevan a cabo si son totalmente necesarias.
Tras la carrera y después de sacar trescientos ítems dels bolso conseguí sacar la tarjeta y pagar y aún recuperando el aliento me senté.
Levanté la cabeza y cuál fue mi sorpresa que todo el mundo a mi alrededor era reptiliano, efectivamente, todo el mundo tenía un aspecto aunque humanoide definitivamente reptiliano.
Mmm por un momento pensé que la carrera había propiciado que no me llegara el flujo al cerebro, me pellizqué fuertemente hasta que ahogue un pequeño -Auuuu!!!
Entonces pensé que aquello debía ser la realidad, la de verdad, la de los reptilianos que dominaban el mundo que algunas personas promulgaban.
Intenté poner la oreja en alguna conversación pero todo el mundo parecía seguir con su vida como si aquello fuera normal.
Quizá se me había caído el filtro que ellos le habían puesto a los humanos para que no los reconociéramos, o desactivado algo en el cerebro que hacía que los veamos como humanos, pensé.
Pero claro y ¿si yo era también una reptiliana? nerviosa empecé a buscar un espejo por el bolso, supongo que hacía mucho ruido porque todo el mundo empezó a mirar hacia mí y a cuchichear en voz baja y con los nervios se me cayó el bolso al suelo.
Tras levantarme de recogerlo vi mi reflejo en la ventana del autobús y de repente un estruendo que venía del exterior sacudió al autobús, las puertas se abrieron y salí succionada por la puerta trasera sin poder hacer nada
- Ahhhhhhhhh!!!
Pues resulta que al final conseguí subirme al autobús, casi no llego y a mi edad, que es mediana, las pequeñas carreritas hasta el transporte público se han convertido en algo realmente maratoniano, seguramente más por la baja forma física, y sólo se llevan a cabo si son totalmente necesarias.
Pero al poner un pie en el bus un brazo metálico me elevó al techo y me mantuvo suspendida. Se presentó: -Soy Clasificator 3000, lo mejor y más nuevo en equidad en el transporte público. Nunca más veremos abuelitos o embarazadas encaramados al palo del autobús gracias a mi, el Clasificator 3000. Según edad, condición física, nivel de cansancio entre otras variables el Clasificator 3000, es decir yo, te coloco en el autobús en el lugar más justo.
Como si de una máquina de peluches con gancho se tratara el Clasificator 3000 no paraba de llevarme de aquí para allá, suspendida en el techo, balanceándome, sin poder encontrar un sitio justo para mi y de repente un estruendo que venía del exterior sacudió al autobús, las puertas se abrieron y salí succionada por la puerta trasera sin poder hacer nada.
- Ohhhhhhh!!!
Pues resulta que me subí al autobús, casi no llego y a mi edad las pequeñas carreritas hasta el transporte público blablabla ya sabéis lo que continúa…
Con la respiración aún agitada empecé a mirar si había algún asiento libre, me esperaba un trayecto un poco largo y de repente le vi.
Media melena rubia, vestido de negro, ojos azul eléctrico, aire melancólico, aspecto desaliñado y allí me senté.
No creo en la fascinación a primera vista pero si existía ciertamente era aquello.
Y parecía que podía ser recíproco, a juzgar por la mirada de mi compañero de asiento.
- Hola me llamo Kurt y se oyó un pitido en al ambiente que no me dejó oír el apellido, soy de un pueblito de Estados Unidos.
Era como si nos conociéramos de toda la vida, de hecho conocía todos los detalles que él le iba contando, pero estaba segura de que no nos habíamos visto antes, me pregunté si a él le pasaba lo mismo, pero él despreocupado siguió con su historia.
- Soy músico en una banda que se llama- un pitido de fondo no me dejó entender el nombre-y siguió - Mis creencias se basan en la supremacía femenina y en lo que los afrodescendientes han aportado al panorama musical. Y siguió - Tengo una lista que intento seguir a rajatabla: no tengas prejuicios, no seas sexista, ama a tus hijos, a tus vecinos, a ti mismo…
Conforme me iba hablando cada vez me interesaba más, pero todo me sonaba un poco y de repente un estruendo que venía del exterior sacudió al autobús, las puertas se abrieron y salí succionada por la puerta trasera sin poder hacer nada.
- Noooooooo!!!
En mi cabeza se oyó una voz femenina, robótica, pausada: “Gracias por usar su software de realidad virtual preferido, tras ver los trailers basados en su historial de visionados y búsquedas de internet, ¿de qué episodio de realidad virtual desea disfrutar hoy?“
Un poco aturdida, levanté la mirada de la parada y mi autobús ya se alejaba a lo lejos.


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